martes, 4 de junio de 2013

La vida es dulce...para quien tiene azúcar


Llego. Apago el motor y dejo el contacto con la música puesta. Busco su número en la agenda y le doy una perdida.

Como cada semana le veo venir a lo lejos del pasillo de barrio de extrarradio. Paso lento, sin destino, hombros derrotados y mirada al suelo.

Le doy un abrazo y dos besos. El contacto físico es una inyección para combatir la situación. Quiero saber cómo está. Me cuenta que lleva toda la tarde jugando al videojuego. Los días pasan sin más.

Es el momento de sacar las bolsas de alimentos del coche, que coge con cierta vergüenza. Me da las gracias y me dice que me quiere. Se va. Ahora se hace pequeño.

- ¡Titi! (le grito)
- Se vuelve y me mira)
- ¡La vida es dulce!
 Para quien tiene azúcar (me dice)

Entonces prefiero no contestar. Se me acumulan sentimientos contradictorios. Por un lado debilidad por la cara humana de esta crisis monstruosa. Por el otro mi instinto de lucha por el cambio ¿Y si invirtiera su tiempo en vivir su vida y no la de Tom Rider y sortear sus obstáculos y no los de la ficción? Tal vez encontraría su camino.  ¿Soy cruel si pienso así?

Para la próxima voy a llevar una caña. Quizás enseñarle a pescar es mejor opción que la compasión.

jueves, 21 de marzo de 2013

Penúltimo pensamiento del día. Adorando lo cotidiano

Ganas de comenzar la mañana, desayuno con risas, demostraciones de compañerismo, almorzar espaguetis y croquetas caseras de mi madre respondiendo a sus preguntas indiscretas, querer mucho a mi prima, un whatsappito de mi hermano, decir te quiero, Noa durmiendo siesta con un trozo de lengua fuera, vocabulario surfero y acortar las distancias contigo. Momentos y no cosas que se lleva este día que casi acaba ya. 
Porque lo que cuentan son los instantes, así que cada día soy feliz muchas veces. 
Regla María Gómez Tejada

lunes, 17 de diciembre de 2012

A seguir nadando


Y del ¿amor? Se pasó al odio pero ella no sabía que sólo le dolería un rato porque en su interior albergaba sólo sumas. En las cuentas, las restas nunca le habían interesado.

Ese odio al final lastima a quien lo padece pero quizás nunca aprenderá, aunque siga en primera fila a la hora de la oración y se engalane para recibir a Jesucristo de vez en cuando.

Tú sigue. Nada a ratos sola, para reencontrarte contigo misma. A ratos con quien quieras pero invítame a pasear entre las olas para abrazarnos durante los golpes. Así nos duele un poquito a cada una. Tanto para aprender del camino sin rumbo como para acabar encima del flotador disfrutando de los pequeños rayos de sol del día a día. Sus risas, tus libros, tu familia, tus amigos y tú. Sonríe amiga. Vendrán tiempos mejores. Lo peor ha pasado. Sólo queda ascender hacia la superficie. Es bello respirar. Lo descubrirás pronto. 

POSDATA: Está claro cuál es el mío ¿no?



Regla María Gómez Tejada

domingo, 18 de noviembre de 2012

Contigo

Contigo he aprendido

  • A no juzgarme en exceso
  • Quererme tal y como soy
  • A ver otra dimensión de la amistad
  • Respetar hasta dónde se puede contar
  • Ser como una mirada limpia en el espejo
  • A no quedarme sólo en lo banal de las palabras y leer atentamente en una mirada
  • Que se puede ser vulnerable sin desprenderse de las armaduras
  • A reconocer nuestras debilidades y reírnos juntas con ellas
  • A tener una hermami cuando estoy malita que me diagnostica y sigue el proceso conmigo en la distancia
  • Valores como la paciencia, la dulzura o el compañerismo
  • Tomar decisiones en la vida y elegir con todas las consecuencias
  • A entender mis emociones y darles forma de poesía, haciéndolas siempre bellas (Inolvidable ese momento Odi et amo de Catulo)
  • Contigo todo es bonito, aunque duela
Te quiero amiga. Te quiero Eva Cobos. 

sábado, 11 de agosto de 2012

Pompitas de jabón...¿Renunciar a lo irrenunciable?




Cavilando, cavilando. Semanas que te atropellan a pensamientos. Las circunstancias, el momento histórico, mis propias experiencias…El miedo se agarra como una garrapata que arranco de mis entrañas sin poder evitar dejar la cabeza dentro y sus irremediables consecuencias.

Los años pasan, y aunque en el día a día parece que nada cambia, un día miras atrás y te das cuenta de que todo es muy diferente a lo que una joven idealista había soñado. Lucho contra mí misma porque de repente falta algo que siempre me había acompañado, no sé definirlo, pero ya nada es igual, mis piezas están desencajadas, reconozco que estoy un poco cansada. Y entre golpe y golpe de emociones surge una y otra vez una misma pregunta ¿Cuándo llega el momento de renunciar a algo en lo que siempre has creído? ¿Cuándo decir hasta aquí?

Una buena consejera me dijo una vez que era inasequible al desaliento, afirmación que en aquel momento interpreté como algo muy bueno, me gusta luchar por lo que quiero, siempre he tenido las ideas claras….demasiado. ¿Cómo y por qué cambiarlas ahora?

Y últimamente he renunciado a varias ideas que conformaban el cimiento de mis pensamientos. Yo que pensaba que las cosas podían cambiar, que formando parte de la política podría aportar mi granito de arena para acabar con la oleada de oportunistas y rateros que han gestionado nuestros intereses. Creí que era posible que la ciudadanía dijera ¡basta ya! pero es que somos demasiado cobardes y conformistas como para hacer los sacrificios que todo eso implica.

Y asisto impasible a una clase política que no es capaz de ver que primero hay que mirar hacia adentro antes de poner en marcha ningún cambio, una clase política en la que priman las siglas, el enriquecimiento personal y las ansias de poder. Gentuza que no pasea por la calle y ni se empapa del dolor cotidiano, de la necesidad ajena. ¡Qué pena!

Tema muy distinto es, pero parte de esta crisis de valores, la visión del querer humano. Una etapa en la que cuesta tanto dar un abrazo, acercar tu mano a un hombro, sentir calor. Ahora importa más tener que que ser, follar que amar. Y yo que lo veo todo tan distinto me indigno y me frustro porque un día creí en el amor, en la lealtad, en un proyecto de futuro pero sobre todo en las personas. Me he empeñado mucho en intentar indagar buscando esencias que no huelen a lo que yo pensaba que simplemente no comparten el mismo vivir que yo. Renuncié ¿y ahora qué? ¿Asumo las reglas de este nuevo juego?

Detrás de este texto hay mucho más que me hace preguntarme ¿En qué desembocará todo esto?  No tengo la menor idea, sólo sé que este cúmulo de emociones desordenadas auguran un cambio, lo sé, lo siento, lo presiento.

Eso sí, al margen de las heridas de guerra que te va dejando la vida quiero, deseo y lucharé por no perder la esencia de esa niña soñadora y optimista. Renunciaré a muchas cosas, pero a lo irrenunciable no. Y sueño con seguir haciendo pompitas de jabón para convertir en magia momentos cotidianos.


Regla María Gómez Tejada

miércoles, 18 de julio de 2012

Sexo ¿para qué?





Cada vez me gusta más esto de acercarme a los treinta. Ahora por ejemplo hablar de sexo es más fácil, los tapujos se van a hacer puñetas y las conversaciones sobre el tema me enriquecen además de divertirme.

Hoy estoy reivindicativa. La pregunta es ¿sexo para qué? ¿Para reducirlo a un encuentro fortuito, un entrar, salir y hasta luego? Qué triste ¿no?

Y no consiste en ser o parecer una estrecha o una modosita, que también me cansan ya esos prejuicios, se trata de buscar experiencias auténticas que te sumen, que te ofrezcan la confianza para sacar ese lado salvaje que te permite una relación sexual plena.

No se trata de buscar el príncipe azul o el amor para toda la vida. Eso estoy (casi) segura que no existe. Pero ¿y por qué no reír, coquetear, abrazarse, disfrutar, imaginar, enloquecer, vibrar, agotarse, desearse, sentir el placer, una comida, un dulce, el cine, un paseo, una caricia, un agarrón fuerte, un beso, un mordisco, una mirada pícara, una mirada dulce, otra cómplice, una sorpresa, un regalo, una canción, una caricia, uno rapidito, otro muy lento, con juguetes, sin ellos, besos con lengua o con los labios, en la boca, en la nuca, en el hombro, en la espalda y donde caiga. En definitiva quererse sin miedos, aunque sean unos instantes que te lleven a la eternidad. ¿Qué más da cuánto dure si lo que ocurre es de verdad?

Pues no, resulta que renunciamos a todo eso, supongo que por el miedo al posible compromiso, y lo reducimos a un mete-saca sin chispa, sin emociones, dejando al aire nuestro instinto más animal. Y yo no sé si se equivocan ellos, nosotras, el mundo o yo, que busco otras cosas. Pero es lo que hay y comienzo a perder la ilusión de topar con alguien que me regale momentos más emocionantes.

Y os digo una cosa señores del mundo. Quedan muy atrás esos años en los que las mujeres buscábamos un hombre que nos salvara de un castillo guardado por un dragón para salir trotando en caballo blanco. Ya está bien, que no se trata de echarnos un polvo para que quedemos prendadas de ustedes y salgáis escopeteados y muertos de miedo. Os informo que las mujeres de hoy ya somos independientes y autosuficientes, aunque todavía soñadoras. ¿Qué quiere decir esto? Pues que para reducir mi sexualidad a un encuentro minúsculo en el que queda previamente en el aire si vamos a disfrutar, preferimos autocomplacernos solas que tenemos claro qué y dónde nos gusta. Así que poneros las pilas y a currar, que ya va siendo hora.

Regla María Gómez Tejada

lunes, 21 de mayo de 2012

Coste y valor. El anillo de Angelina Jolie


De mis clases de marketing en la Universidad siempre se me quedó fijado en la memoria el concepto de valor y precio.

El precio es lo que cuesta, es cuestión de números objetivos. Sin embargo, el término valor es mucho más subjetivo porque se asocia a lo que te suma socialmente el producto: prestigio, clase, elegancia, poder, clase social, etcétera… es lo que significa. No es lo mismo tener un Proche que un Skoda Fabia…jilipolleces (hablando feo),   los dos me llevan y me traen.

Y toda esta reflexión me ha abordado porque Angelina Jolie lleva un anillo de compromiso de 200.000 euros que ya los quisiera para mí, para comprarme un hogar que a día de hoy es un lujo, y no tener que donarle mi tranquilidad al banco.



Comentaba un amigo que si yo tuviese ese nivel de ingresos pues probablemente no me compraría un anillo en el chino y…¡me ha entrado miedo! ¿Sabes por qué? Porque a mí me aterra pensar en tener una vida tan vacía que busque rellenarla con cosas materiales (y que conste soy viciosa confesa de la ropa y los complementos) 

¿No os ha pasado que os habéis sentido tristes y habéis ido a comprar cosas? ¿Soluciona eso algo? Pues no, así no sientes ni satisfacción y felicidad. Hemos perdido el norte de las cosas que verdaderamente importan, ésas que llenan tu vida de momentos simples pero reconfortantes y gratificantes.

Yo, que dedico parte de mi vida laboral al marketing, sé que el valor de algo no está en lo que cuesta monetariamente ni en parecer, que vende más, sino en ser y sentir.

Se me viene a la cabeza un pequeño reloj en forma de colgante vintage y de caperucita roja, que me compraron mis padres el otro día en la feria porque ando apretadilla con los gastos de la mudanza y querían darme un capricho.


  • ¿Valor? Cariño, amor, protección, respaldo, no marca la hora, marca un momento
  • ¿Coste? Doce euros
  • ¿Seré entonces más infeliz? ¿Vale menos el cariño de mis padres que el de los ricos?

No, no quiero ni la vida ni el dinero de Angelina Jolie, me encanta la mía. Si alguna vez gano mucho dinero y mi novio del futuro me regala un anillo así de caro (demasiado suponer, sí)  por favor, pegadme un tirón de orejas.

Prefiero un anillo de plástico, en lo alto de una noria con la compañía de las estrellas y un grito de amor en el cielo. Eso sí es para siempre. No quiero olvidarme de que son los momentos y las cosas simples las dejan grandes huellas en el corazón. De todo lo demás se puede prescindir.